Lo primero que indicaríamos a un profesional de la peluquería es que cuando detecte quesu tijera NO corta adecuadamente y/o tiene que forzarla para que corte, debería comprobar el ajuste de la misma para ver si es correcto en primer lugar.
Si al hacerlo comprueba que la falta de corte no se debe al ajuste es el momento de dejar de usarlas y proceder a su afilado, sin esperar más, ya que hacerlo sólo servirá para estropear las tijeras, quizás definitivamente.
La falta de afilado provoca que el usuario realice consciente o inconscientemente el forzado del corte creando tensión de manera inclinada entre las dos piezas de las tijeras.
Si a esto le sumamos el desajuste de las mismas, rápidamente estaremos deteriorando la tijera sin darnos cuenta, es por ello que también es muy importante comprobar todos los días, tal y como recomiendan los principales fabricantes, el ajuste de las mismas.
Es importante que estén suficientemente ajustadas las dos piezas de las tijeras para evitar forzar el corte de forma inclinada, evitando deteriorarla por la parte interior, como mismo ocurre cuando tienen falta de filo.
No cabe duda de que las tijeras deben estar a gusto del usuario para no restarle comodidad al trabajar, así que lo que procede es encontrar un término medio entre comodidad y ajuste adecuado de las tijeras.
Deben cerrar sin oponer demasiada resistencia pero en ningún caso deben estar muy sueltas, especialmente al inicio del cierre de las mismas.
El uso de las tijeras sin seguir estas indicaciones se hará por cuenta y riesgo del usuario.
Hay una moda que se ha extendido a lo largo de los últimos años respecto del uso excesivamente suelto de las tijeras para la aplicación de algunas técnicas, y que dependiendo del usuario, llevan al extremo, provocando daños, deterioro prematuro y/o pérdida de la capacidad de autoafilado propio de todas las tijeras.
Resumiendo, tener las tijeras desajustadas y/o desafiladas se traduce no sólo en la pérdida del filo con mayor rapidez, sino que al inclinarla durante el corte se provoca paulatinamente el nacimiento de un “filo impropio” por la cara interior de cada hoja de la tijera que puede llevar a un daño irreparable o de difícil reparación de las mismas y que tiene como consecuencia, rápida y directa, los tirones de cabello al no cortar adecuadamente por el desajuste y falta de afilado.
Esto se ve acrecentado en los momentos que realizamos menos tensión al cortar, del mismo modo se crean vacíos por desgaste entre hoja y hoja, ocasionando que pueda haber espacio suficiente para caber un pelo, lo que se traduce en pinzamientos del mismo, dobleces del pelo en lugar de cortarlo, etc.
Entre todas las malas prácticas habituales hay dos muy comunes y que ocasionan daños directos;
Falta de lubricación, la cual debe ser diaria, incluso de varias veces al día, esto protege los tornillos, tuercas y arandelas y nos ayuda a trabajar con mayor fluidez sin necesidad de tener excesivamente sueltas las tijeras.
Sería ideal utilizar algún tipo de aceite en spray que nos permita sacar todos los restos de productos y pelos situados entre las hojas de las tijeras en la zona de la tornillería.
Cosa muy común es ver a los peluqueros golpear las tijeras contra el peine para así retirar los pelos adheridos a las hojas de la misma, esta práctica puede ocasionar con extrema facilidad melladuras en las hojas de cualquier tijera, pero especialmente en las tijeras de esculpir, entresacar y en tijeras con hojas muy afiladas, afilados muy agudos que conllevan filos finos y con mejores cortes pero del mismo modo más delicados ante un mal uso o inadecuado mantenimiento.